30 de enero de 2017

Worldbuilding: Los pecados de la creación de mundos

Tengo la fuerte sensación de que igual esta entrada debería de haber sido una de las primeras de esta sección. Hay una serie de pecados que los escritores cometemos al crear nuestros mundos porque pasamos mucho tiempo documentándonos como para que todo eso se pierda. No es fácil encontrar la nota perfecta que cierre la composición, sino que es muy fácil desafinar por alguna parte.
El worldbuilding en su conjunto es fácilmente uno de los elementos más importantes de una obra de ficción junto al argumento y los personajes. Si quien escribe es capaz de clavar estos tres elementos, difícil será que su obra sea mala. Más adelante hablaré de los otros pilares, pero hoy nos centraremos en este primero. Vamos a ello:

El lenguaje inventado:

No os equivoquéis, estoy muy a favor de diseñar un idioma propio para ciertos grupos de nuestro mundo, no hay nada malo en ello, pero ojo: El lector no lo habla. Esto es algo que no debemos perder de vista. Que haya personajes que intercalen palabras en otro idioma porque no estén del todo familiarizados con la lengua común o bien porque sea algo cultural, es bueno si se usa en la justa medida. Como ejemplo, en el juego Final Fantasy X los albed hablan así hasta que aprendes más sobre su idioma porque tú como jugador no lo conoces.

Está genial tener razas o pueblos que hablen su propio idioma, pero debemos encontrar un equilibrio entre mostrar lo grandes lingüistas que somos y el hacerle la obra amena al lector. 

El nombre de las cosas (I):

Aunque no va tanto por el diseño del mapa como por los nombres de los lugares. Es cierto que, por suerte, me encuentro muy poco con esta clase de cosas, pero eso no quita que no se dé. Encontrarse montañas con formas imposibles sin explicación alguna tras ellas o con nombres como “montaña de la muerte”, igual no es lo más original.
Un caso distinto sería si esos nombres no fueran “al azar” y fueran alimentados por las creencias de las gentes que habitan la zona, a saber, yo en La vigilia del dragón tengo las Montañas Aulladoras y el Paso de los Duendes. Ambos son ubicaciones cuyos nombres responden a las historias que la gente de Nossantra cuenta alimentadas por los aullidos de los lobos que resuenan, en el primer caso, y por las luces extrañas que se ven en el segundo.
También se pueden nombrar las cosas por lo que son o la forma que tienen, pero tampoco sin abusar demasiado pues puede afectar al tono de la historia. Salvo que estemos yendo al camino de la fantasía desenfadada como El Vosque donde tenemos una ciudad llamada Pentapinus.

¿Puede haber nombres absurdos o que suenen más a palabro que a lugar? ¡Por supuesto! En Andalucía tenemos Despeñaperros que, según a quien creas, debe su nombre a que despeñaban por su ladera a los “perros infieles” en tiempos de la Reconquista.

El infodumping:

Probablemente uno de los errores más comunes entre los escritores noveles (y no tan noveles) que suele terminar o bien en vicio o bien en catástrofe. Ya habló Clara Tiscar en su blog sobre el tema, pero podemos resumirlo en contarle al lector todo lo que sabes de tu mundo como si estuvieras dando una clase de historia.
Soy consciente del enorme trabajo que puede llevar una buena creación de mundos. Como escritores queremos que todo ese trabajo vea la luz, pero aquí está el problema: al lector no le importa. Esto es algo que debemos de meternos en la cabeza. El lector sólo quiere que le cuentes lo que necesita y un poco más. Si le cuentas que en esa ciudad mataron a una dragona llamada Josefa hace seiscientos años usando una rama de una encina y por eso el pueblo se llama Encina Matadragones, el lector te pregunta que qué narices le importa a él y al protagonista que sólo preguntaba por la posada más cercana.

Es importante tener esto en mente porque podemos aburrir al lector y que deje el libro o comience a saltar con la mirada. Yo hago mucho eso con Martin y sus exageradas páginas llenas de descripciones minuciosas de los banquetes. Demasiadas.

El nombre de las cosas (II):

Este es un tema que pretendo desarrollar más adelante, pero que puedo esbozar por aquí. Sin pretenderlo es muy probable que nosotros como escritores usemos una base influenciada por la cultura propia. Es habitual ver que autores europeos o americanos tienden a representar un medievo con tintes europeos, esto condiciona en buena parte el léxico del que disponemos. Este es un tema peliagudo. Si usamos palabras que designan cosas muy concretas de nuestro mundo como las disciplinas de las artes marciales tales como taekwondo o aikido, podemos romper la abstracción del lector. Más aún si este mundo no tiene nada que ver con el nuestro. No lo digo en un sentido etimológico porque ahí ya entraríamos en un berenjenal de cuidado, sino en una cuestión de coherencia interna. Puedes meter escopetas, pero igual hablar de una Winchester quizá sea demasiado. Esto hará al lector preguntarse si no estará en su mismo mundo.

Podríamos resumirlo en que se trata de mantener la suspensión de la incredulidad.

El plagio:

Te gusta una obra y decides aprender de ella, inspirarte, pero entre la referencia y el plagio hay una línea finísima. Y ojo, esto es algo que viene pasando desde Tolkien (y antes), mucha fantasía bebía de las fuentes de este escritor de la misma manera que ahora ocurre con Martin o con el tono grimdark de Warhammer 40K. Se puede hacer bien o se puede hacer mal.
Cuando tomas modelos de historia y de personajes sin modificarlos no queda nada más que un plagio, y probablemente uno malo. En cambio, podemos usarlos como referencia para nuestras propias historias, como es el caso de la Dragonlance que bebe mucho de Dragones y Mazmorras. La lectura es como si te contaran una partida de rol, tiene ese rollo, pero no copia: adapta. Esa es la clave. ¿Te gusta algo? Úsalo, pero adáptalo a tu estilo, no plagies porque se nota muchísimo.

Y esto es todo por hoy. La idea es leer mucho y darnos cuenta de qué es aquello que como lectores nos molesta y actuar en consecuencia. 

Decidme, ¿qué es aquello que os saca de la lectura? ¿Qué pecados añadiríais?

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Cuervo Fúnebre: Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter


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4 comentarios:

  1. Muy cierto!

    Creo que la que más se da es la infodumping, es comprensible después del trabajazo que te das con todo el Worlbuilding, pero es algo que se corrige facilmente en las posteriores relecturas.

    Buena entrada!

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  2. Me parecen muy buenas ideas las que aportas. Sobre todo las de las lenguas. No todos somos Tolkien ni trabajamos en Oxford. Gracias.

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  3. Buen artículo. Sin duda muchos de los errores que cometemos algunos.

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  4. Hace un tiempo te dije por twitter que te debía un señor comentario en tus entradas de Worldbuilding, pero nunca llegaba el día, así que me parece que voy a optar por comentar cada una, para ver si así en trozos cortos se me da mejor.
    A mí la verdad es que me hace mucha gracia lo de los nombres de lugares porque en la vida real están puestos así también. El pueblo de mi padre se llama Avellanosa del páramo, y ya con eso te he dicho cómo es la vegetación y la zona. En el caso de Cosmogramenia -mi historia- tengo un ciudad que en la lengua común se llama la ciudad de la muerte porque es el final de la ruta esclavista. Creo que la gracia de estos nombres es que tienen todos una historia detrás y es interesante que, aunque pongas los nombres al azar, reflexiones qué puede haber detrás de ellos. Es otra manera de hacer lluvia de ideas porque si vas a llamar a algo la Montaña de la muerte es que hay una historia escabrosa detrás que ya, de por sí, te da para una historia. Y creo que sólo es necesario contar esa historia si le da transfondo a la principal... o si estás contando una leyenda.

    Lo de los nombres de las armas te lo concedo porque yo la verdad que me salto mucho eso si lo veo. La mitad de las armas no sé cómo se llaman y mientras sepa si son una espada o un trabuco o una pistola me dan más o menos igual. Ocurre un poco lo mismo que arriba, si estamos hablando de armas y el personaje es un especialista entiendo que de vez en cuando haga algún apunte, pero igual me vale con una ligera explicación de los cambios que le haces a un arco, como en Los juegos del hambre.

    En el tema del plagio... Bueno, para mí no existe nada original pero sí, una cosa es inspirarse y otra copiar. Lo mejor suele ser cuando te llenas la cabeza de cosas y al final salen otras que parecen lo mismo pero que a fuerza de mezclar -historias de filmes, libros, videojuegos, Historia, bromas con los amigos, juegos de mesa -salen cosas diferentes.

    En fin, saludos y nos leemos por twitter.

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