7 de noviembre de 2016

Relato: Peregrinaje

Año 2180 EC, espacio del sistema Widow en la Nebulosa Serpentina (Vía Láctea).

   La Ciudadela apareció por su ventanilla. Una enorme construcción tubular que era el eje de toda la política de la galaxia. Shaama no podía apartar la vista de aquella ciudad flotante. La había visto en vídeos e imágenes allí en la Flota, pero resultó ser mucho más grande de lo que esperaba. Antes de que el transporte se acercara más, Shaama activó su omniherramienta y un guantelete de luz amarilla rodeó su muñeca derecha, iluminando su cubículo y dándole al visor de su casco una tonalidad ambarina. Tomó una foto de la estación y, cuando esta desapareció de su ventanilla, pasó el resto del trayecto contemplando la imagen que había tomado.

   El transporte aterrizó en la dársena 297 y los pasajeros, como si huyesen de un incendio, abandonaron la nave a la carrera. Un pequeño volus casi tiró a Shaama en su huida cuando esta intentaba alcanzar su ligero equipaje, poco más que una pequeña mochila con cuatro cosas que pudo afanarse por el camino en las distintas estaciones por las que había pasado hasta el momento. Esperó a que los demás pasajeros la dejasen atrás para abandonar el transporte.
   Ahora tenía que encontrar el control de seguridad para acceder a la Ciudadela propiamente dicha. Sabía que podía preguntar a Avina, la inteligencia virtual de la estación, pero después de las historias que había oído de los geth, lo último que deseaba era involucrarse con aquella clase de máquinas, así que todo lo que le quedaba era preguntar a alguien de seguridad. No le fue complicado encontrar uno, pues aquella zona estaba muy controlada.
   —¿Puedo ayudarle? —le preguntó una oficial turiana al ver que venía directa a ella.
   —Sí, estoy buscando el control de seguridad.
   —Claro, por aquí.
   Shaama siguió a la turiana, mientras, tratando de no ser muy descarada, prestaba atención a los tatuajes verdes que decoraban los laterales de su mandíbula. Ya se había encontrado con varios turanios en su Peregrinaje y había podido comprobar que los patrones de los tatuajes no se repetían, aunque en algunos la diferencia era tan sutil como un color ligeramente más claro o un cambio de ángulo.
   El control no era más que un pasillo estrecho junto a una ventanilla. El pasillo estaba sellado por unas puertas transparentes que sólo los oficiales podrían abrir. La turiana que la había acompañado le deseó un buen día y se encaminó de regreso a su puesto. Ya en la ventanilla, le atendió un salariano que hablaba de forma monótona, pero a una velocidad que a Shaama le costaba seguir, acostumbrada a un ritmo más pausado. Aun así, parecía aburrido de la vida misma.
   —Nombre y pasaporte.
   —Shaama’Ceelum nar Geleya. —Su voz sonaba distorsionada por el casco. Después deslizó su pasaporte. Sólo estaría unos días, no necesitaba mucho más.
   El salariano comprobó el documento con prisas y abrió las puertas para que pudiera pasar. El estrecho pasillo dejaba vista a ambos lados a las oficinas de seguridad, donde humanos, turianos y salarianos parecían compartir espacio. Pensó en tomar una fotografía, pero la idea de que podría ser inapropiado la detuvo. Lo último que quería era crear un conflicto en su Peregrinaje.

   Llegar a la zona financiera fue una auténtica odisea de pasillos, escaleras y ascensores, pero sabía que merecería la pena. El cielo sobre el Presidium, mostraba un tapiz azul decorado con unas nubes de un blanco inmaculado. «Una pena que sean falsas», pensó, aunque sabía que cumplían bien su función. No tardó en encontrar lo que buscaba, era difícil no verlo. En una de las intersecciones que cruzaban a un lado y al otro del Presidium se alzaba un relé de masa a escala. Quién o qué lo había dejado allí daba para una disertación, pero Shaama estaba más que convencida que era un símbolo de unión, un lugar al que volver cuando su Peregrinaje hubiese acabado. Shaama sonrió ante la idea de modificar su traje negro y plata para mostrar orgullosa que era una miembro más de la Flota Nómada.
   Pasó la mano por la superficie, como si su traje ambiental le permitiese sentir la superficie metálica del monumento. Aquel pequeño relé tenía algo especial, único. Shaama no sabría decir qué, pero intentaría capturar aquella sensación con su omniherramienta para recordarla cada mañana en la Flota.
   Detrás de ella pasaron corriendo dos niños humanos perseguidos por un oficial de la misma especie. Uno de esos niños llevaba algo en la mano. «Algo robado», pensó. ¿Por qué otra razón sino iba un oficial a ir tras ellos? Ella dejó de prestarles atención y comenzó su regreso a los distritos. Estaba cansada del viaje y no tardaría mucho en «anochecer».
   Tres días eran los que pensaba haberse quedado, pero ya contaba una semana cuando decidió que era el momento de buscar otro lugar al que ir. Había quedado encantada con la Ciudadela, pero allí no encontró nada de suficiente valor como para que mereciese la pena llevarlo a la Flota. Su gente merecía algo mejor que una baratija.
   Al cruzar la dársena 297 para ir en busca de otro transporte, aunque aún no sabía a dónde se dirigía. La detuvo una voz.
   —¿Puedo ayudarla?
   Shaama se giró ante la voz que la interpelaba y se encontró con la oficial turiana que la había ayudado al llegar a la Ciudadela. Aunque no sabía su nombre, le estaba muy agradecida. De momento no había tenido demasiada suerte con los de su especie.
   —No lo sé.
   La turiana hizo algo parecido a una sonrisa.
   —Imagino que está en su Peregrinaje, así que estará buscando algo «interesante» que llevar a la Flotilla, ¿me equivoco?
   Shaama estaba impresionada. Poca gente había encontrado que entendiese lo que el Peregrinaje significaba para los quarianos y ella parecía entenderlo, aunque lo resumiera de aquella manera.
   —No se equivoca.
   —En la dársena 350 hay un transporte que parte hacia una estación espacial en el Cúmulo Éxodo. Puede ser una buena oportunidad.
   Shaama no tuvo que pensarlo mucho, aquello era perfecto. No sabía por qué la había ayudado, pero no iba a cuestionar sus intenciones, no tras un año de Peregrinaje sin encontrar nada valioso, por gratificante que estuviera siendo.

   No le costó encontrar la dársena que buscaba. El transporte en el que tenía que embarcar parecía un modelo recién salido de la fábrica. Su superficie blanca no tenía ni una sola mancha y las partes negras combinaban a la perfección con estas. «Bonito, pero esta nave no puede pasar por los relés». Estaba segura de que, si un relé de masa aceleraba el transporte, su estructura no soportaría la fuerza G y acabarían todos muertos. Esperaba que tuvieran una nave mucho mejor preparada para el viaje.
   —¿Peregrinaje? —le preguntó una quariana junto a la nave.
   —Sí.
   Estaba segura de que ella había sonreído. Su traje rojo y oro estaba adornado con intrincados motivos que se enroscaban sobre sí mismos en la capucha que cubría el casco hasta el visor.
   —Soy Neha’Niras vas Zadir —dijo en un tono neutro—. ¿Tú eres?
   —Shaama’Ceelum nar Geleya —contestó entusiasmada.
   —Bueno, puedes llamarme Neha o capitana, pero mi palabra es ley en esta misión.
   Shaama asintió y entró en el transporte donde la esperaban el resto de la tripulación. Entre ellos había una humana de ojos rasgados y cara de pocos amigos, un batariano que vestía como los Soles Azules y un turiano cuyo rostro escondía tras el casco de su armadura.
   —Ya estamos todos —anunció Neha—. Lidia, listos para partir.
   —Sí, señora.
   No podía ver a la piloto, pero sabía que era humana. El transporte no tenía ventanas así que quedaba descartado entretenerse en contemplar el espacio.
   —Código de acceso —pidió de pronto una voz masculina por el intercomunicador de la nave.
   —Ya voy, ya voy —dijo Lidia.
   —Código correcto. Pueden subir a la Berlín, pero no abandonen el transporte bajo ningún concepto.
   Lidia no respondió, no había opción a ello.

   El viaje fue largo, pero estuvo entretenida hablando con los que serían sus compañeros. Gazis, el batariano, aunque a primera vista le pareció alguien peligroso con sus cicatrices en la cara y uno de sus ojos ciego, resultó ser un amante de la poesía que en sus ratos libres componía. La humana, Yuko, apenas intervino en la conversación, pero sí prestaba mucha atención. El turiano, en cambio, no dijo nada y ni siquiera usaba su nombre real, sino un pseudónimo: Fusil.
   Su mayor sorpresa fue saber que Neha no había terminado su Peregrinaje, aunque su traje sí había sido alterado. Ella había sido de los pocos quarianos que nunca regresaron.
   —No quería estar atada a la Flota, pero eso no quiere decir que reniegue de mis raíces. Mi forma de honrarles es ayudar a aquellos que como tú están de Peregrinaje.
   Aquella respuesta ahogó cualquier reproche que pudiera salir de sus labios. Aun así, le parecía irrespetuoso que usara «vas Zadir» sin merecerlo, aunque no iba a incidir en ello.
   El transporte al fin abandonó la Berlín y comenzó su camino a la estación espacial. Shaama no sabía dónde estaba y seguramente sólo Lidia y Neha lo sabían. En apenas cinco minutos los motores se apagaron con un siseo tras aterrizar.
   —Gazis y Shaama conmigo. Yuko y Fusil ya sabéis qué tenéis que hacer. Lidia, estate preparada para evacuarnos.
   —Sí, señora.
   «Evacuarnos». No le gustó cómo sonó aquello. Pero ahora no podía echarse atrás, aunque quisiera.
   El hangar de la estación estaba oscuro y al iluminarlo con las luces de los fusiles, vieron que varios paneles del techo se habían caído y los cables colgaban peligrosamente cerca del suelo. En las paredes había marcas de disparos salpicadas con manchas de sangre, pero ningún cadáver.
   —¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Shaama.
   —Eso hemos venido a averiguar, novata —respondió Gazis.
   Entraron al interior y se dividieron en dos grupos en el primer pasillo que se bifurcaba.
   —Creo que puedo acceder a los sistemas de la estación desde el hangar y dar las luces, ¿cómo lo veis? —preguntó Lidia por el canal común.
   —Hazlo, eso nos facilitaría mucho las cosas.
   —Sí, señora.
   Lo primero que encontraron fue un ala de investigación. Había incontables mesas de trabajo colocadas en hilera formando varias filas paralelas. Sobre varias de ellas había sangre seca y una masa verde viscosa, además de algún arma. Como punto distinto, encontraron un rack con viales que contenían un líquido azul casi morado que parecía haberse conservado bien en la atmósfera sin oxígeno que reinaba en la estación.
   —Neha, por aquí —indicó Gazis.
   Ambas fueron hasta él y encontraron una nevera portátil llena de viales de muestras biológicas que iban desde el rojo al morado, pasando por el verde o el amarillo.
   —Mete el otro rack dentro y llévalo al hangar.
   —Sí, Neha.
   Shaama se quedó a solas con la capitana en medio de la acosadora oscuridad que inundaba el ala.
   —Y se hizo la luz —celebró Lidia, mientras las luces parpadeaban hasta estabilizarse. Los aparatos comenzaron a hacer pequeños «bips» para indicar que habían sido encendidos—. Nos os recomiendo quitaros los cascos.
   La luz no arrojó nada nuevo a lo que Shaama ya sabía, pero les permitió ver algo que habían pasado por alto. En una esquina de la sala había una criatura insectoide espachurrada contra la pared. Su cuerpo estaba rodeado de esa masa viscosa que encontraron antes. «¿Eso es un rachni?», se preguntó, pero sabía la respuesta.
   —¿Qué ha pas…? —la pregunta murió en sus labios cuando Yuko la interrumpió.
   —Tenemos los huevos. Fusil y yo vamos camino a la nave, pero será mejor que corra, Neha-sama.
   —Entendido.
   Shaama no pudo preguntar porque antes de que se diera cuenta estaba corriendo hacia el hangar. Allí Lidia las esperaba con el motor encendido, lista para despegar en cualquier momento. Yuko y Fusil no tardaron en aparecer con una enorme caja de metal que a todas luces contenía los huevos de los que habían hablado. Cuando entraron, Lidia subió la rampa y despegaron de regreso a la Berlín.
   —No hagas preguntas y no se lo cuentes a la Flota —le dijo Neha, de pronto.
   —Pero no puedo callarme esto. ¡Eran rachni!
   —Sí, pero este asunto está muy por encima de nuestra gente. ¿Quieres llevar algo a la Flota? Toma, llévales esta pistola. Es salariana y seguramente aprecien la aportación, pero nunca jamás puedes volver a hablar de esto.
   Shaama asintió sin estar segura de saber en lo que se había metido.

***

   —A partir de ahora serás conocida como Shaama’Ceelum vas Jaego —pronunció el capitán Ceelo’Tolas vas Jaego al reconocerla como una más de su tripulación.
   Aunque aquello era lo que siempre había querido, ¿por qué no podía sentirse satisfecha? ¿Por qué se sentía culpable de algo que no estaba segura de si había hecho? Sabía que en los años venideros cualquier noticia que pudiera haber relacionada con los rachni serían culpa suya. Esa sería su carga y el precio de su Peregrinaje. 

3 comentarios:

  1. -Aplausos virtuales a falta de una tecnología mejor- ¡Me ha encantado! ¿Forma parte de una serie o está relacionado con otro relato? Quiero más :P Corto pero muy completo, qué maravilla. De verdad, me ha gustado mucho el mundo que has creado y la capacidad que tienes de describirlo de manera que sin una explicación larga y aburrida ya se entienda y te puedas hacer una idea de dónde estás. Estaré a la espera de más cuentos así!
    Nos leemos ^^

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    1. Con la emoción me he dejado lo que realmente quería decir: Me he quedado con la intriga de saber qué son los Rachni y por qué son tan importantes, eso es lo que me ha llevado a preguntarte si tienes o harás otros relatos relacionados en los que se explique ¿o tu intención es dejarlo así? Las dos opciones me parecen bien (que voy a decir, es tu historia) pero me gustaría que fuese lo primero (el egoísmo lector me corrompe).
      Ahora sí, un abrazo!

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    2. Lo primero, muchas gracias. Siempre trato que tanto ajenos a la saga como fans puedan seguir la historia sin mayor problema, claro que para los fans tengo tropecientos de easter eggs entre la narración.
      Seguramente haga más historias de este tipo (como hago con el mundo de Star Wars), pero son relatos autoconclusivos. "Peregrinaje" ocurre en el mundo de Mass Effect y para no contradecir al canon del juego opté por situarlo antes de los hechos de la primer entrega de la saga.

      Con respecto a los rachni, seguir por ahí es meterme a tocar el canon del juego y no me parece una buena idea. Así que en el futuro tiraré por otro lado, pero ya que en el juego era relativamente fácil encontrarte rachni en algunos planetas, podemos decir que los huevos se fueron de madre ya que los rachni se suponen erradicados por los krogan durante la guerra Rachni. En resumen, los rachni son importantes en tanto que son un poderoso viejo enemigo y que no debería existir en esa fecha (2100 años después de que fuesen erradicados), pero que, sin embargo, de alguna manera siguen vivos.

      Me alegro de que te gustase y trataré de traer alguno más. Un saludo.

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