25 de julio de 2016

Otros: Abercrombie en el espacio,crónica de una charla anunciada

Los más afortunados han podido disfrutar esta semana del Festival Celsius 232 con todo lo que eso implica. Los menos, en cambio, nos hemos tenido que conformar con un pequeño bocado del pastel que nos trajo la Fundación Telefónica el pasado martes donde pudimos asistir a una charla, que imagino que sería parecida en contenido a lo que algunos pudieron presenciar en el Celsius.

El acto abrió con una breve introducción a manos de Arturo González-Campos que algunos puede que lo conozcan del programa de radio La parroquia en Onda Cero. La peculiar manera de presentar a su compañero de escena, Juan Gómez-Jurado (autor de la novela Cicatriz), marcó la dinámica entre ellos dos durante las casi dos horas que duró el acto. Tal que así:

Arturo: Juan no ha podido venir al final. Felicidades a todos.
[Aparece Juan por la derecha]
Juan: Que sí que estoy.
Arturo: Lo siento muchísimo.


Poco después presentaron a Abercrombie y este hizo una entrada triunfal, todo sea dicho. Así que lo que voy a hacer es reproducir las preguntas que se le hicieron durante la charla para que podáis disfrutar de las respuestas de Abercrombie.

 Arturo: ¿En qué orden recomiendas leer tus libros?
Es una pregunta que tiene una respuesta compleja y sofisticada y es que el primer paso es comprar todos mis libros. Y después improvisad, hacedlo como os venga en gana, freestyle y luego haced lo que queráis. Si queréis no los leáis, podéis incluso comprar un segundo set. Podéis comprarlo en tapa blanda y en tapa dura, por ejemplo. No, en serio, compradlos. 
Los leería en orden de publicación, es lo que tiene más sentido, lo que tiene más lógica (…)

Abercrombie siguió hablando y comenzó a divagar. Lo primero que pensé es que este es de los míos, de los que el cerebro le va a mil y no sabe cuándo es el momento de dejar de hablar. Me ciño a las preguntas, pero sus divagaciones no tienen precio. Transcribir todas me podría llevar la vida, así que lo siento por esa parte, pero al final de la entrada os dejaré los enlaces más uno extra para los interesados. Pasemos a la segunda, con mención a Rothfuss:

Juan: En esta misma silla estuvo sentado Patrick Rothfuss, le pusimos unos soportes adicionales [gesto de manos ahuecadas] y él nos dijo que escribiendo la segunda parte de Kvothe, El temor de un hombre sabio, se dio cuenta de que había escrito un libro que era tan grande como Los juegos del hambre y Harry Potter en número de palabras y que lo había hecho porque no era capaz de quitar nada. Todos admiramos a Rothfuss, pero él no tiene algo que tú sí, tu precisión.
Gracias. No dejes de adularme, encantado.

Arturo: ¿Quitas mucho o eres muy vago? (Se metió Arturo al ver que Juan no arrancaba).
Sí corto cosas. Creo que recortar parte de lo que escribo es mi herramienta más potente, sobre todo cuando mis primeros borradores son tan malos. Hay que tener presente que el primer borrador es el punto de partida, la arcilla que vas a utilizar para esculpir una obra maestra; como el bloque de mármol a partir del cual Miguel Ángel sacó al David. La idea es aspirar a crear tu David recortando y quitando. 
Ser tan preciso se logra con una gran planificación. Creo que soy muy metódico y lo trato como un trabajo. Trato de lograr lo esencial y siempre me pregunto si lo que estoy escribiendo es realmente necesario para la historia (…)

Aquí nos habla de que cuando escribió la trilogía de El mar quebrado no pretendía escribir una trilogía que gustara al público juvenil, sino que quería escribir fantasía épica corta. Después nos habla de que cuando conoció a Adam Neville le contó que él entendía cada capítulo como un asunto de vida o muerte y a Abercombie le pareció demasiado extremo para él, pero sí pensó que darle una bofetadita al lector no estaba mal para enganchar al lector y que siga leyendo. 

Juan: Hay una pregunta que odiamos y es de dónde sacamos las ideas.

Arturo: ¿Se la vas a hacer, Juan?

Juan: Cada vez que nos hacen esta pregunta Dios mata un gato y nosotros querríamos matar un preguntante. Pero es cierto que en este caso no te voy a preguntar. (…). Quiero que nos hables del momento en que comienzas a visualizar este mundo.
Creo que el mundo de la 'Primera Ley' tiene las raíces en mi infancia y algunos de los personajes me acompañan desde los once años. Con los años han ido madurando y les he ido incorporando cosas de las novelas que leía.
Me encantaba jugar a los juegos de rol. Sé que tengo una pinta de molar demasiado como para jugar a juegos de rol, pero tengo un pasado. Jugaba mucho a D&D (…) Muchas ideas son genéricas al principio, pero según se desarrollaron fui aportándole originalidad. 

Juan: Él coge a Gandalf o a Conan y los introduce de forma completamente nueva. ¿Cómo lo consigues?
Me gustaría tener una respuesta impresionante que quede implícito que es parte de mi plan maestro para renovar el género. Quizá si llevase una chaqueta de pana con coderas colase más la respuesta, pero no tengo más que decir que es fácil escribir algo y que tras quince años se cree una especie de mitología y la gente te diga: «esto es lo que perseguías hace quince años». Pero la verdad es que surgió de forma orgánica, quería dar mi visión usando los personajes que todos conocemos.

Arturo: Hay una cosa que suele escasear en el mundo de la fantasía y es el sentido del humor (…). ¿Cómo consigues que tus personajes puedan mantenerse irónicos sin que el lector se despegue?
Siempre hay miedo de que lo que escribas sea malo, pero creo que le echo la culpa a Tolkien porque escribió algo muy serio, solemne. Muchos escritores lo han imitado y se volvieron más solemnes, profundos. Tienes a la escuela de Tolkien, por así decirlo, y luego otra más satírica. 
Un chiste puede reventar la burbuja. Me inspiré en dramaturgos que usaban un humor oscuro, negro. El humor puede ser muy oscuro en las historias, pero a la vez muy ingenioso (…). Los personajes me dictaban la forma en que hablaban y yo trataba de exagerarlo un poco para meterme en su cabeza. (…) Tienes que escribir pensando en qué te gustaría y no eliminar lo que no podría gustarle al lector. Necesitas un puntito de intensidad.

Juan: Una crítica que se le puede hacer a tus libros…

Arturo: Juan, este señor ha venido a pasar un buen rato aquí.

Juan: Es una crítica muy entrecomillas y es que todos son excepcionalmente inteligentes (…) sueltan una enorme cantidad de frases lapidarias, demasiadas, de hecho (…) ¿Cómo consigues comprimir tanta sabiduría de forma que siempre tengan algo que decir?
Si esa es la crítica, sigue criticando (…) Me dejo llevar por los diálogos, cuando escribo suelo estructurarla en torno a estos. (…) Al final todos los personajes son una parte de ti, soy yo hablando conmigo mismo y a veces recorto lo que no me parece interesante y dejo lo esencial (…) Me gustan mucho los aforismos y las frases lapidarias. (…)

Arturo: Has creado un mundo diferente, muy tuyo y de repente en uno de tus libros te parece bien decir «y aquí hubo elfos». ¿En qué momento decides meter personajes tan reconocibles de la literatura fantástica?
No lo sé, trato de no pensar mucho en el lector. La pena es que haya lectores. Si escribes pensando en el público es donde pierdes tu perspectiva única. (…) Recurro a mi instinto (…) y me imagino que siempre me han interesado más los elementos comunes que lo que los separa y tener la magia y elfos como elemento de fondo y centrarme en los personajes. (…) Los elementos fantásticos resaltan más en un entorno cotidiano.

Juan: Tú has introducido la política de una forma central hasta el punto de que el enemigo da igual (…) Sin embargo te has centrado en la política tanto. ¿Por qué tomar esta decisión?
Fue por instinto. Era lo que me interesaba. Muchas novelas de fantasía se reducían a eso: «aquí está el señor oscuro, es malo, vamos a darle». Era más fácil plantearte que había un enemigo pero no era humano. Cuando piensas en un enemigo hoy en día piensas en alguien que tiene ideología propia, gente que cree que hace lo correcto aunque no lo sea. Hace las cosas más erróneas por las mejores razones posibles. Yo quería que los malos tuvieran una razón para hacer lo que hacían (…) Si cuento la historia de una batalla, lo haré desde ambos lados, sin suponer que uno es malo y otro bueno.

Divagaciones aparte, dieron paso a las preguntas del público. La primera de todas fue una chica con aspiraciones de ser escritora que formuló su pregunta en inglés, algo que luego no se permitió hacer en favor de aquellos que lo veían en diferido y así aliviar carga al traductor en cuestión. Dicho esto, preguntó:

Espectadora 1: ¿Cómo conseguiste mantener esa pasión viva (la de continuar una historia y no aburrirse de ella) durante tanto tiempo? 
Abercrombie nos cuenta que no fue hasta los veintiocho cuando vio que lo que estaba escribiendo, esas ideas que años atrás eran planas, ahora cobraban vida y sentido. Nos habló de su época de montador de documentales en las que descubrió que era capaz de llevar eso a su escritura y comenzó a experimentar, a jugar con la narración. Y dice:
Cuando escribes (a diferencia de cuando se rueda una película) puedes crear un entorno y cambiarlo. 
Abercrombie comenzó a divagar como sólo él sabe hacer. Nos contó una anécdota de que le enseñó a su madre lo que había escrito y los ánimos que eso le dio. Al final no respondió a lo que le había preguntado, pero tampoco es que se pueda dar una respuesta clara a esa pregunta. 

Espectadora 2: ¿Sin Tolkien hubieras empezado a escribir la fantasía que escribes?
Es una pregunta difícil (…). Tolkien supone los cimientos del género y no se puede imaginar este sin él e influyó en muchos escritores posteriores. (…) Luego vinieron las películas y ya no puedo ver a Aragorn sin ver a Viggo Mortensen. (…) ¿Habría fantasía épica como la de hoy en día sin Tolkien? No lo sé. ¿Seguiría habiendo los tópicos como el mago que es el mentor gruñón que se calla cosas? Pues sin Gandalf quizá tendríamos a Merlín y seguiríamos teniendo a Obi-wan Kenobi. Quiero decir que Tolkien es importante, pero no es el único (…). Lo que está claro es que sin Tolkien no habría fantasía épica comercial y quizás yo estaría escribiendo novelas rosas y estaría en Madrid de todas formas, pero hablando de novela rosa y no de fantasía. No lo sé.

Juan: Háblanos de las posibles adaptaciones de El mar quebrado y de La Primera Ley.
Lo que puedo contaros acerca del mar quebrado es que llegué a firmar un acuerdo, era fantástico. (…) Me llegaron a ofrecer escribir un primer guion, y claro, no podía negarme porque era una gran oportunidad y me abría las puertas como guionista. (…) Envié el guion, lo revisaron (…) y me dieron largas. Estaba todo listo y al final no se llegó al acuerdo y se perdió.

A continuación le llegó el turno de preguntar a Guillermo, más conocido como Lecturauta por su blog, con la misma pregunta que iba a hacerle yo sobre el desarrollo de personajes (maldito sea):

Guillermo: ¿Cómo lo haces? ¿Cómo? ¿Cómo?

Arturo: ¿Por qué?
En cuanto al «por qué», los personajes palpitan en el corazón de toda novela. Si una historia no tiene protagonistas interesantes ya puedes meter las explosiones y giros de guion que te dé la gana, pero si los personajes son malos el libro será malo (…). El elemento básico es el personaje. Si trabajo en una novela lo único importante es que los personajes estén bien, porque si los personajes están bien, el resto sale de manera natural (…). 
En cuanto al cómo lo hago… Ojalá lo supiera porque me resultaría mucho más fácil hacerlo. Es lo más difícil para mí (…) tiene un punto de magia (…). Para que un personaje funcione puedes planificar lo que quieras (…), a pesar de todo hasta que no te pones a escribir desde su punto de vista no te das cuenta de que toman vida (…). Monza es un buen ejemplo. Monza no me funcionaba nada, el libro entero, el de ‘La mejor venganza’, llegué al final y tenía dudas y al llegar al final supe cómo era Monza (…). Muchas veces hasta que no llegas al final no sabes cómo es un personaje y no te sientes cómodo con su voz. ¿La respuesta? Ni idea, no sé qué te he contestado, la verdad. 

Y entonces volvió con sus anécdotas. 

Espectador 3: ¿Cómo se le ocurrió esa forma de narrar las batallas (evitando la perspectiva aérea clásica de la fantasía épica)? ¿Cómo es el proceso para enterarnos de lo que ocurre?
Uff, pedazo pregunta.(…) No estoy del todo seguro de dónde salió, sólo pensé que estaría guay mostrar lo que ven los soldados de a pie. A veces pienso en mis personajes como cámaras (…) primero diseñé la batalla leyendo novelas bélicas para informarme. Las batallas reales son un caos y lo que importa son los fracasos y los éxitos son por casualidad. (…) Para hacerlo bien alternaba entre distintos bandos y si lo hacía con personajes que iban a morir, podía cambiar al punto de vista del asesino (…). Yo quería que el conflicto fuera terrorífico, con distintos puntos de vista y con un hilo conductor (…). No sé si te he respondido bien. Lo he intentado por lo menos.

Arturo: Lo siguiente es tortilla de patata con cebolla o sin cebolla…
Siempre con cebolla. Sin cebolla no es tortilla de patata.

Arturo: ¿Me puedo ir ya de aquí?

Ahí se acabó el acto y pasamos a la firma de libros. Como podéis ver en este súper resumen de la charla, Abercrombie es una persona peculiar donde las haya. Se nota a la legua que adora hablar y habla por los codos. Y divaga, mucho. Estoy seguro de que si nadie le corta es capaz de no dejar de hablar. 
Fue una gran experiencia que pude compartir con Guillermo, allí arriba citado, con Mirichom, que tiene un blog en el que nos habla de worldbuilding con datos históricos reales; y en menor medida con Diankra, a la que podéis leer en su blog.

Cierro la entrada con lo prometido: dos enlaces a la charla y uno de regalo:
-Charla con Patrick Rothfuss.

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Cuervo Fúnebre: Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter

5 comentarios:

  1. Ha sido un placer escuchar a Abercrombie, pero los entrevistadores no me han gustado nada. Juan es un poco demasiado pelota y la pregunta de Arturo sobre los elfos no encaja en la trilogía del Mar Quebrado (donde descubrimos quiénes son esos elfos). Y el chiste de gordos referido a Rothfuss es de mal gusto.

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    1. Concuerdo en todo salvo en lo de Rothfuss, yo lo entendí por lo cojonazos que tiene.

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    2. Ah, no lo entendí en ese sentido. Entonces me disculpo, es más aceptable.

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  2. No sabía que había una charla con Abercrombie en Madrid, habría sido genial poder verle de cerca~ Muchas gracias por hacer un resumen (y tan simpático. No me lo imaginaba divagando cada dos por tres, pero ahora entiendo muchas cosas (?)) Una lástima lo del Mar Quebrado. Me habría encantado escuchar a Yarvi cantar en el barco.
    Probablemente me vea la charla por gusto, aunque el tema de los entrevistadores me da un poco de mal rollo. Al solo haber leído esto no sé hasta qué punto era uno pelota y el otro seco (?)
    Muchas gracias por el resumen~~

    Atte. Rika.

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    1. Pues los entrevistadores me sobraban un poco, a ver, tenían su punto a veces, no lo niego, pero la norma no era esa. En cualquier caso, es Abercrombie quien más tiempo se pasa hablando (o divagando). La charla merece la pena sólo por él y los entrevistadores no entorpecen mucho.
      De nada, ha sido un placer.

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