15 de mayo de 2016

Worldbuilding: Creando mundos

¿Star Wars y El señor de los anillos? ¿Me habré vuelto loco por fin? Todavía no, pero estoy en ello. 
Ambas obras de ficción tienen en común que poseen mapas. Es cierto que en los de la galaxia muy muy lejana sólo se pueden situar los planetas y no seguir el viaje del héroe, como sí puedes con la obra de Tolkien, pero lo importante es que tienes una guía. 

No sé si seréis del mismo parecer, queridos lectores, pero yo adoro tener un mapa en el que poder ubicar dónde ocurre cada suceso, algo que echo de menos en las novelas de Space Opera ya que viajan a mil sitios en cuestión de páginas, como vemos en Azul, el poder de un nombre de Begoña Pérez Ruiz, donde visitamos unos seis planetas sin mapa alguno. La autora nos lleva de la mano, pero se pierde la sensación de saber dónde estás.

Por eso hoy, gracias al desempate de Dalayn, una hija perdida de Dorne, hoy vengo a hablaros de mapas y de cómo llegar a hacer el vuestro para vuestra novela. Me centraré sobre todo en la Fantasía, pero también tocaré la Ciencia Ficción. Dicho esto, empecemos por lo básico:


Clima:

Independientemente del género a escribir, debemos pensar en el clima y partir de ahí. Ya sea a nivel global como suele ocurrir en la Space Opera o a nivel de regiones planetarias como ocurre en la Ciencia Ficción y la Fantasía, determinar el clima condicionará la clase de accidentes geográficos que podemos emplear en nuestro mapa. 
¿Tendría sentido una selva tropical en mitad de una zona glaciar? No, pero si quieres una selva exuberante, necesitarás un clima muchísimo más cálido que una tundra, de primeras.

Una vez tengamos el clima, podemos pasar a los accidentes geográficos.

Accidentes geográficos:
Son unidades geomorfológicas, es decir, los distintos aspectos que puede tener el mundo que crees. No voy a entrar en las clasificaciones pormenorizadas, pero sí voy a hablar de los más comunes al nivel narrativo:

Continente: Son grandes masas de tierra separadas por océanos o distintos accidentes geográficos. También puedes tomar de referencia la tectónica de placas para dividirlos, pero no me voy a meter ahí. Aunque sea de forma intuitiva, todos sabemos qué son. Ahora, en la Tierra, según a quién preguntes te vas a encontrar con distintos contajes del número de estos, yendo de cuatro hasta siete continentes.
Océanos: Son profundas y enormes masas de agua salada que se encuentras entre continentes. Los océanos poseen mareas y corrientes marinas. 
Masas de agua dulce: Dentro de aquí tenemos:
   Lagos: Son grandes masas de agua, generalmente dulce, que se encuentran dentro de los continentes. Es alimentado por ríos o fuentes subterráneas. 
   Ríos: Son corrientes de agua dulce que fluyen desde el lugar en que nacen, habitualmente zonas montañosas, y desembocan en el mar, en lagos o en otros ríos (siendo entonces afluentes).
Mar: Son masas de salada situadas «entre tierras» como el mar Mediterráneo (entre la costa sur de la península ibérica y la costa norte de África) o el mar del Canal de la Mancha (entre la costa sur de Reino Unido y la costa norte de Francia).
Desierto: Pueden ser fríos como el desierto del Gobi o cálidos como el desierto del Sáhara. En ambos casos se caracterizan por tener una tasa de precipitación anual muy baja. 
Barranco, precipicio y acantilado: El barranco y el precipicio son desniveles bruscos producidos por la erosión de ríos, arroyos o el movimiento de las placas tectónicas y se encuentran «tierra adentro», mientras que el acantilado lo encontramos en la costa y es provocado por la erosión del mar.
Isla: Es una masa de tierra rodeada de agua por todos lados.
Meseta, montaña y cordillera: La meseta en una elevación del terreno pero que en lugar de puntear, es plana en su cima. Un ejemplo sería la meseta del Tíbet o el centro de la península ibérica.
Las montañas son grandes elevaciones de terreno que superan los 700m de altitud y cuando estas se presentan agrupadas, se denominan cordillera o sierra.
Valle: Es una depresión en el terreno que se sitúa entre dos alturas. 
Golfo y cabo: El primero es un entrante en la costa mientras que el segundo es un saliente hacia el mar.

Viajando al espacio:
Mapa de 'Azul, el poder de un nombre'.
En la novela de Begoña Pérez Ruiz que mencioné arriba, tenemos un mapita del ¿Universo?, ¿la galaxia? No importa mucho para el tema que voy a tratar en un principio. Supongamos que tenemos ya nuestro planeta creado con sus masas (o no) de agua y sus masas de tierra (o no). Bien, ¿qué tiene alrededor?

Si salimos de «nuestra casa», nos encontramos con un satélite enorme que hemos llamado Luna. Unos de los gigantes gaseosos de nuestro sistema, Saturno, tiene un anillo en rotación en torno a él formado por hielo, polvo y «piedrecitas». También tenemos los cinturones de asteroides –desde aquí hago una llamada a la Space Opera: los asteroides pertenecientes a un cinturón están demasiado separados entre sí como para servir de cobertura en una persecución–. 

A una escala mucho mayor, nos encontramos con las nebulosas o «el lugar donde nacen las estrellas», que suena mucho más poético. Son grandes «nubes» de gases y polvo cósmico.
También tenemos los temibles agujeros negros (que no son agujeros, sino esferas, pero eso ya para otra entrada). Son regiones finitas del espacio que poseen una masa y una densidad colosal, de modo que generan un campo gravitacional descomunal.
Y, por supuesto, las galaxias, que son un conjunto de estrellas, planetas, gases, polvo cósmico, materia oscura y energía unidos gravitacionalmente y rotando en torno a un punto común. 

Aunque lo he dejado para el final, por alguna razón que no voy a esgrimir –y que ni yo mismo sé–, tenemos los Sistemas. Están constituidos, reducido un poco al mínimo exponente, a una o varias estrellas que rotan en torno a un punto común y por todo lo que rota alrededor de ella/as. 

Volviendo a las ciudades:
Mapa de Lanhav de 'El sueño de los muertos'.
En ocasiones, la novela transcurre casi enteramente en una ciudad o dicha ciudad tiene relevancia en la trama. En El sueño de los muertos de Virginia Pérez de la Puente, nos encontramos con el mapa de Lanhav, ciudad en la que se sitúa el 90% de la novela. En contraposición, tenemos el mapa de Desembarco del Rey en Canción de hielo y fuego. Esa ciudad no transcurre un porcentaje elevado de la narración, pero sí que es clave para entender la saga. 

Cociendo un mapa:

Al principio hemos de comenzar por un boceto de lo que queremos, algo como esto que Mai y yo hicimos para La vigilia del dragón.:
Después añadimos un par de detalles y vòila:
Vale, vale, rebobino. El boceto ha de llevar una ligera idea de la forma de las masas de tierra que constituirán el mapa final. Lo mismo para las masas de agua como los océanos. Es decir, primero lo grande. 
Cuando tengamos esto, pasamos a lo siguiente: los ríos y las montañas. Puedes hacerlo con buena letra y con conocimiento, o actuar como un cocinero loco y soltar los puñados aquí y allá, y si luego preguntan: «lo ha hecho un mago», que vale para todo. Si sirven a un propósito, mejor que mejor. 
Lo último siempre son los nombres, o al menos no debe ser lo primero. Pueden ser nombres inventados como Lanhav o bien basados en algo del contexto de la novela como Desembarco del Rey o Bahía Roja (si hablamos de mapas nunca está de más que me haga auto-bombo). 

¿Tienes ya tu mapa con todos sus elementos? Ahora has de representar las ciudades, montañas y bosques a través de dibujos. Puedes inspirarte en tal o cuál estilo o improvisar el tuyo propio. 

El mapa de una ciudad funciona de la misma manera. Primero planificas la forma, las manzanas y/o barrios y las calles. Por último, añades los detalles de muros (si se quiere), de las casas y edificaciones como templos de culto o el palacio real. 

Para hacer un mapa bueno has de tener que estudiar, como en todo, para saber qué estás haciendo. Y practicar mucho para poder dibujar uno aceptable, lo digo por experiencia.

___________________________________________________________________________
Cuervo Fúnebre: Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter


¿Quieres seguir apuntalando tu mundo? Estos son el resto de artículos sobre worldbuilding:

Religión.
Sistemas mágicos.
Desgranando sistemas mágicos.
Sistemas de gobierno.
El lore
Razas mágicas.
Qué podemos aprender de Mass Effect.
La importancia de los detalles
Los pecados de la creación de mundos

5 comentarios:

  1. Disfruto mucho de los mapas, especialmente de los mapas de ciudades. Son poco comunes, o al menos yo he leído pocos libros que incluyan ese tipo de material. En cambio sí que he leído historias que transcurren principalmente en una urbe. ¡Hay miles! Me pongo de los nervios cuando me hablan de tal calle o tal barrio y no tengo un croquis para ubicar cada cosa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Verdad? Por eso agradezco mapas con calles. Estoy pensando hacer uno de Dögrath para La Vigilia, pero tengo que ver cómo lo hago. Es necesario porque gran parte de la novela sucede ahí.

      Eliminar
  2. Yo tengo el mapa de mi novela a medias dibujado. Tengo lo básico: mares, océanos, islas y continentes; algunas cordilleras importantes, un par de ríos que atraviesan los protagonistas; y mil ciudades sin nombre todavía. Tengo que ponerme a ello con más seriedad, que aún no termina de estar como me gustaría ^^

    Nos leemos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A base de ir probando terminarás por dar con el que más se ajuste a lo que quieres. Es cuestión de tiempo.
      Los nombres... A mí me resulta lo más complicado, aunque algunos me salen al escribir la novela. En esos casos los apunto en un mapa rudimentario que hice hace eones.

      Mucho ánimo. ¡Nos leemos!

      Eliminar
  3. Estoy acabando el mapa de mi primera novela "La vara de serbal" y como la historia se desarrolla en una isla me quedaba una escala puñetera a la hora de hacer un mapa. Hace un efecto curioso, como si el mapa se trasparenta, dejando ver debajo el paisaje. Ver aquí: https://www.instagram.com/p/BJJ9Ve5ArGv/

    ResponderEliminar