22 de mayo de 2016

Revisando para escritores: Hazles sufrir

Y entonces, Akku, el dios del dolor, se alzó sobre los mortales como si fuera una montaña surgida de la nada y los miró, todopoderoso. Akku sonrió y alzó la voz a la vez que alzaba las manos al cielo.
   –¡Kuh , kuh, kuh! –gritó, mientras los aplastaba con sus inmensas manos–. ¡Kuh, kuh. Kuh! –siguió gritando, mientras reía.

Las historias necesitan drama para que enganchen al lector. No es ningún secreto. Siempre empatizaremos mejor con personajes que sangran, lloran, padecen. En cambio, aquellos que lo hacen todo perfecto y que no penan, nos resultan falsos, artificiales. Nosotros pasamos penurias, padecemos enfermedades, atravesamos épocas duras, nos equivocamos y sufrimos las consecuencias. 
Sufrir es algo tan natural y esencial como respirar. El sufrimiento nos permite apreciar los logros por pequeños que sean. Cuanto más sufrimos para conseguir algo, más estimamos el resultado, porque sin dolor, este carecería de valor. 
Si consiguiéramos todo de una forma fácil y rápida, ¿nos sentiríamos «plenos» y satisfechos al alcanzar nuestra meta?

De esto es de lo que vengo a hablaros hoy, como lo hizo Isla Tintero en su blog. Vuestros personajes necesitan sufrir si queréis enganchar a vuestros lectores. No es ajeno a nadie que uno de los atractivos de Canción de hielo y fuego es la capacidad que tiene George R. R. Martin para hacer sufrir tanto al lector como a sus personajes. Somos sádicos por naturaleza y nos gustan las historias en las que los personajes pasan hambre, pierden seres queridos y se arrastran por seguir adelante. Están los que quieren que les salgan las cosas bien y luego estoy yo, que sólo quiero ver el mundo arder. Disfruto más de las historias en las que los personajes pierden todo por el camino y sólo recogen victorias amargas, de aquellas en las que, cuando miras atrás, sólo ves un reguero de sufrimiento que a duras penas compensa el resultado. No soy nada fan de los finales felices. Habría pagado por ver a Frodo devorado por Ella o la muerte de Harry Potter, pero no parece sus autores quisieran complacerme.

 Hay varias maneras de hacer que sufrir a nuestros personajes, pero se dividen en dos grupos: físico, y psicológico.

Sufrimiento físico:
Sandor Clegane de Michal Niewiara
No es nada difícil de adivinar. Aquí hablamos del dolor de las heridas, de las palizas, de esa clase de dolor que con el tiempo desaparece pudiendo no dejar marca. 
Hablamos de torturar a nuestros personajes para enseñarles mediante golpes que la vida no es de color de rosa y que si no muerdes para defenderte, no puedes esperar que no vayan a morderte.

Las heridas cuentan historias. Personajes desfigurados como Sandor Clegane de Canción de hielo y fuego tienen una historia escrita a fuego en el cuerpo. Las heridas, las cicatrices y los miembros perdidos, son oradores que gritan como viejos veteranos de guerra. 

Sufrimiento psicológico:

El más delicado con diferencia. A diferencia del dolor que causan las heridas, este no desaparece con unas curas y un poco de reposo. No, suele tener una serie de secuelas a medio-largo plazo. Desencadena miedos, dependencias, culpas, resentimientos… Independientemente de la forma que tome, tiende a ser una especie de nube negra que atormenta al portador. 
La muerte de un ser querido es, quizá y salvo casos concretos, la más leve. Es habitual que se llore a la persona fallecida, pero con el tiempo esa muerte es aceptada y se pasa página. Pero hay otra clase de sufrimientos que se clavan en nosotros y los arrastramos durante años hasta que, o bien los sepultamos, o bien acaban con nosotros. Que se agarran a nuestro pecho y nos arrastran a las sombras. 

Para mí es la forma más fácil de hacer que tus lectores empaticen con tus personajes, pero al mismo tiempo, la más difícil de conseguir. Claro que puedes decir que sufre mucho o que tal o cuál, pero el lector quiere saber por qué sufre y verlo en lugar de tener que confiar sólo en tu palabra. No es fácil encontrar el equilibrio, porque la forma en la que reaccionamos depende de numerosos factores y cada uno de esos matices ha de componer el puzle del sufrimiento de tu personaje. 
En mi ¿tetralogía de relatos? Vivir es sufrir, trato de explorar este aspecto. Me cuesta la vida porque, aunque no es mi caso habitual, he empatizado con Ava, la protagonista, y sufro escribiendo. Pero el resultado, no es un drama por el drama, que es el peligro que uno corre cuando trata de utilizar esta clase de sufrimiento. He reescrito cada una de las dos partes millones de veces hasta dar con una fórmula que me haga sentir que es una persona real y que su contexto explica su sentir. 

'Grilletes del Sufrimiento' de Stickerb
El sufrimiento nos encadena y nos devora. La venganza, la culpa, el suicidio, la depresión, la locura, la negación, el miedo, la desconfianza, la fortaleza, la resiliencia… Todas pueden ser respuestas a lo mismo. Sufrir define nuestra forma de enfrentarnos al mundo. 
«Yo soy yo y mi circunstancia» que decía José Ortega y Gasset. Cada golpe que nos llevemos puede enseñarnos una lección, pero también puede rompernos y cuando tratemos de recomponernos, es muy probable que las piezas estén rotas. Somos como jarrones que una vez rotos tratamos de pegar, el jarrón sigue siendo en esencia el mismo, pero su aspecto no. Ese jarrón jamás volverá a ser el mismo. Puede que desconfíe de las personas que lo rodean y que permitieron que se rompiese, o que rehúya el contacto por miedo a lo que puedan hacerle. Quizá viva con miedo el resto de su vida o crea ser un pato de goma al que las caídas no pueden romper.

Esto, se debe aplicar a nuestros personajes. Por muy redondos que puedan ser, si no aprenden del camino que recorren, ni padecen como un humano ¿podríamos decir que son reales? Cuando leéis un libro o veis una película, ¿nunca os preguntáis que hay detrás del villano de turno para actuar como lo hace? Es muy perezoso decir que es un loco porque sí o que es malvado porque lo es y punto. 

Como lector, me gusta ver a los personajes sangrar y llorar. Que alcancen el premio y este se escape entre sus dedos o que cuando lo consiga vea todo lo que ha perdido para conseguir aquello que tanto ansiaba. Sí, ha conseguido La Reliquia™, pero por el camino ha perdido a sus seres queridos, ha llevado la muerte por donde ha pasado e incluso se ha perdido a sí mismo. Ahora tiene aquello que codiciaba ¿cómo se sentirá? Puede que al principio lo celebre, pero cuando la euforia pase, quizá sienta cómo la culpa lo arrastra a un pozo del que no es nada fácil escapar.

Nos gusta que los personajes sufran, pero ese sufrimiento debe formar parte del personaje y sus consecuencias enmarcarse en él. Un personaje no se debería quedar impasible ante el sufrimiento. Puede que no haga nada para solucionarlo, puede que aparte la mirada porque sabe, por su experiencia, que es mejor no inmiscuirse, pero eso no le hace ajeno, le hace humano, tangible. 

En resumen, está bien hacer sufrir a vuestros personajes, es sano para la trama, pero cuando lo hagáis debéis de conseguir que sea creíble. El drama por el drama sólo te señala como un escritor que no sabe lo que está haciendo.

___________________________________________________________________________
Cuervo Fúnebre: Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter


¿Quieres saber qué más tengo que contarte? Estos son el resto de artículos de Revisando para escritores:

Cuando algo no funciona.
¿Son buenos tus personajes femeninos?
Tropos y clichés.
Deja que tus personajes hablen.
Sorprende al lector.
Cubiertas y sinopsis.
Qué podemos aprender de Avatar: La leyenda de Korra.

6 comentarios:

  1. +10 a esta entrada, señor Cuervo. Es muy importante saber discernir entre el drama gratuito y el sufrimiento adecuado para crear simpatía en el lector (y hacer reales a los personajes).

    Me sincero: a mí el dolor psicológico por sí solo me cuesta, así que hago un 50-50 entre físico y mental cuando tengo que quebrar a mis personajes. Aunque claro, trato de dejar esta dependencia de los puñetazos por el bien del costillar de mis criaturas XD

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En mí depende. Mi villano y mi protagonista sufren más de lo psicológico, pero la mayoría de mis secundarios van más a lo físico con secuelas futuras.

      Eliminar
  2. Totalmente de acuerdo. Necesitamos sufrimiento justificado, porque ahora está de moda poner a algún personaje con cáncer solo por dramatizar, aunque no aporte nada a la historia de la novela.

    A mí me cuesta narrar dolor físico, pero el psicológico es el que más me gusta, supongo que será porque he sufrido más de esta forma que de la otra a lo largo de mi vida.

    Un saludo y otra buena entrada, amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me has recordado a 'Besos entre líneas', no lo he leído, pero he visto capturas y me han comentado algo parecido a ese ejemplo del cáncer.

      Suele ser más fácil narrar aquello que conocemos, que nos es 'habitual'. Diría que en términos generales nos es más cercano el psicológico.

      Eliminar
  3. He disfrutado mucho con la lectura de tu artículo. Me he acordado de aquella frase de Westley en “La Princesa Prometida”: «La vida es dolor, alteza. Quienquiera que diga lo contrario intenta engañaros». Eso sí, tengo intolerancia al drama gratuito. Por mucho que un protagonista tenga una infancia más sufrida que la de Oliver Twist, eso no me hará empatizar con él, sobre todo si tiene una personalidad pobre o es más perfectito que un santo. También me molesta la excusa del pasado trágico para justificar las acciones de héroes y villanos.

    Disfruto mucho del terror psicológico bien hilvanado y aprecio que las decisiones de los personajes se vean afectadas por múltiples factores. Yo no soy defensor de los finales felices; de hecho, creo que los finales trágicos poseen una belleza inigualable. Pero, si debo elegir, me quedo con los finales agridulces. Son los que, a mi modo de ver, reflejan mejor los sinsabores y las alegrías de la vida.

    ResponderEliminar
  4. ¡Totalmente de acuerdo contigo! La realidad es dura y nuestros personajes tienen que simular ser reales. No pueden recorrer un camino de rosas sin más. Y especialmente la figura del malo, necesita cierta contextualización. Una persona no se dedica a, que se yo, matar niños para hacerse un abrigo de piel sin cierto trastorno psicológico o ciertos traumas. Y no vale decir que está loco y ya está, ¡esos malos tan simples los detesto!

    ¡Pero lo mismo pasa con los protagonista! Cuando veo una novela en la que al protagonista le abren paso hacia la solución de sus problemas, ¡me da muchísima rabia! ¿Cómo es posible que nuestro caballero de brillante armadura consiga matar a un dragón sin salir un poco chamuscado? Me gusta muchísimo la verosimilitud y, por eso, mis personajes siempre sufren. Tanto física como psicológicamente. Les hago formar parte de una aventura y del oficio de las armas uno nunca sale sin ningún rasguño.

    Me ha gustado tu entrada, nos leemos! ^^

    ResponderEliminar