8 de mayo de 2016

Revisando para escritores: Deja que tus personajes hablen

Para quién desconozca quién o qué es esa bolita de luz azul con alas, es un hada de la saga de Nintendo The Legend of Zelda. Se llama Navi y es la imagen de la entrada porque viene al pelo para el tema a tratar hoy porque ella no se corta a la hora de decirte todo el rato que la escuches, que tengas cuidado… 
Al igual que Navi, nuestros personajes hacen lo mismo, pero en ocasiones no les escuchamos o decidimos lo que es mejor para ellos sin pedir su opinión, como si fuéramos dictadores o pensáramos que no son lo suficientemente maduros para saber qué hacen y que si se equivocan no serán capaces de aceptar sus propios errores. Que algunos autores ejerzan de dictadores con sus personajes responde
o a problemas de planificación o a conveniencia de la trama, lo que te tilda de, como mínimo, escritor vago por no haber cuidado a tus personajes. 

Yendo ya al tema, no hablo sólo de que cada personaje tenga su propia voz, sino también de que estos no siempre son como decimos que son. Un ejemplo de esto lo encontramos en la novela Trono de Cristal de Sarah J. Maas donde la protagonista, Celaena Sardothien, se nos dice que es una asesina profesional, la mejor de su oficio, pero al leer la novela no vemos a esa supuesta asesina, sino algo más parecido a una princesa caprichosa y quejica. Está claro que Celaena no quería ser una asesina, pero la autora hizo oídos sordos y la obligó a desempeñar un rol que no es el suyo.
El tema es que los personajes han de ser coherentes consigo mismos y con su contexto. En la saga Ángel de la noche de Brent Weeks se nos habla de que los ejecutores se diferencian de los asesinos en que los asesinos pueden fallar, pero la víctima de un ejecutor está muerta antes de saberlo porque ellos no fallan. Esto se respeta durante la novela. Kylar Stern es un ejecutor y mata. 
Como nos contó Rafa en su entrada, podemos usar el método Stanilavski para la descripción de las emociones de los personajes de nuestra novela. Aquí es adonde quería llegar: Sé el personaje. Ya sea en la descripción de cómo se siente o bien las decisiones que toma, tiene que salir del mismo personaje y nunca del autor, por mucho que sea él el que escriba. Por ejemplo, si es un niño bien que se mete a asesino (razones para ello aparte), seguramente la primera vida que quite le afectará de una manera enorme. La segunda un poco menos, y así hasta que finalmente comprenda que una vida más o una menos no importa porque son objetivos, no personas. ¿Sería coherente que un personaje nacido entre algodones y que nunca ha tenido un asesinato por sangre cerca de él sea un asesino frío de la noche a la mañana?
Honorio Jorg
En Prince of thorns –me niego a usar la traducción en castellano– el protagonista, Honorio Jorg, era un niño bien, un príncipe, hasta que un día presencia, impotente, el brutal asesinato de su madre y su hermano pequeño a manos del conde Renar. En ese momento, dentro del zarzal donde había caído, comprendió que el mundo es frío y que la vida no tiene ningún valor. Si quería vivir debía grabarse a fuego aquella verdad. Honorio es coherente con ese cambio de pensamiento y eso le convierte en un buen personaje.

Mientras revisaba mi novela me he encontrado en varias ocasiones que mis personajes estaban incómodos por el rol que jugaban en la historia o por la forma en que fueron presentados. Uno de ellos, Vimana, se quejaba de que la había presentado como una dama en apuros. En su momento no lo pensé, pero ahora me doy cuenta de que ella no encajaba en ese cliché. Tras reescribir la escena, ella es «salvada», pero no porque lo necesitara, sino porque no le dejaron salvarse. Anker entra en escena haciéndose el héroe para finalmente recibir una paliza por nada. Aquello le hace sentirse estúpido no sólo por los golpes, sino por haberse dejado llevar por las historias de los grandes héroes que salvaban a los indefensos. Pero Vimana era cualquier cosa menos indefensa y lo que es más, no era la víctima, sino la culpable en aquella escena. 
Ahora ambos personajes son coherentes en su forma de actuar porque les he escuchado y he entendido que ellos han de ser como son, no como yo quiero que sean. En su día, mi impulso fue que Anker entrara en escena y lo resolviera a golpes (pues podía perfectamente) y lo escribí. ¿El problema? Anker acababa de matar a un hombre con sus propias manos, su primera sangre. Aquello le había afectado y tenía miedo de volver a perder el control, pero aun así le obligué a hacerlo, le forcé. 
Tras la reescritura él trata de evitar el enfrentamiento aprovechando la oscuridad para ocultar que no era un guardia y, espada en mano, trató de asustarles. Su plan hacía aguas por todas partes y termina con él recibiendo golpes, pero sin defenderse por miedo a repetir lo de antes. 
Ahora bien, quizá su forma de ser no es la que necesita la historia. Hemos de recordar que somos marionetistas y que los personajes han de obedecernos, pero si necesitamos la marioneta de una princesa de cuento y no la de una guerrera, ¿no es más fácil cambiar de marioneta que forzar al personaje que no es el correcto? Pueden conservar sus nombres, su familia, su contexto incluso, pero debemos hacer que se convierta de alguna manera en el personaje que la historia pide. Debe haber una evolución porque nadie cambia de la noche a la mañana. Al igual que las personas reales, los personajes se ven afectados por el entorno que les rodea y por la forma en que interactúan con este. 
En Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin, uno de los personajes que más evolucionan a lo largo de las novelas es Sansa Stark (olvidemos el destrozo que le han hecho en la serie). Al principio es un personaje insoportable, la dama de alta alcurnia caprichosa que se queja todo el rato. Con el paso de las novelas ve que su príncipe azul es un psicópata y que no hay un final feliz para ella. Cuando comprende esto es cuando decide aprender a jugar al juego más popular de Poniente: el Juego de Tronos. Aprende a mentir y a usar sus encantos para conseguir sus fines. 
Si Martin hubiera hecho a Sansa cambiar de pronto de princesa a ajedrecista, Sansa sería otro personaje del montón que obedece a lo que la trama necesita y no uno de mis favoritos de la saga.

Geralt de Rivia
Luego tenemos a los personajes como Geralt de Rivia de la saga El Brujo de Andrzej Sapkowski, que son como son desde un primer momento y no van a cambiar apenas a lo largo de la novela; pero incluso esta clase de personajes tiene detrás un pasado que les han convertido en lo que son. Cada decisión que toman está basada en la experiencia del personaje y nunca debería de estarlo en la del escritor. 
El escritor puede plasmar sus ideas a través de un personaje o incluso narrar sus experiencias por medio de estos. Puede hablar de cuando luchó en la guerra o del poder que tiene la religión sobre nuestras vidas, pero siempre desde la coherencia con la novela y sus personajes. Esto es algo que vemos en El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien. En sus novelas vemos su amor por la naturaleza y su rechazo de la guerra, la historia de amor imposible entre él y su esposa, reflejado en el amor imposible entre Arwen y Aragorn. Su rechazo de la industrialización y el efecto que esta tenía en el campo inglés, que encarnó en los Ent y en la deforestación de Isengard para alimentar la maquinaria de destrucción de Mordor. Puedes meter tus ideas, pero debe venir de la historia y no de unos personajes forzados a ser tus emisarios.


El gran resumen es: Escucha a tus personajes y deja que sean ellos lo que hablen, no tú, amigo escritor.

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Cuervo Fúnebre: Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter


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¿Son buenos tus personajes femeninos?
Tropos y clichés.
Hazles sufrir.
Sorprende al lector.
Cubiertas y sinopsis.
Qué podemos aprender de Avatar: La leyenda de Korra.

4 comentarios:

  1. Chapó. Tienes toda la razón con este post. Yo creo que lo de exagerar descripciones en las sinopsis es más marketing que otra cosa.

    Saludos.

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  2. Me ha encantado el post. Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que has dicho y es cierto que se ve cuando un personaje no está cómodo. Yo misma en mi novela a veces tengo que darle vueltas a algo porque quiero que pase una cosa pero no tiene sentido porque el personaje nunca lo haría. Y muy bueno el detalle de Navi ;)

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    1. En ese caso que cuentas lo suyo es adaptar la trama al personaje de forma que pueda hacer lo que tú quieres, pero nunca que el personaje se comporte según la trama requiera. ¿Que el personaje nunca lo haría? Piensa: "¿qué le haría hacerlo?", y trabaja con ello.
      Un saludo.

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  3. Oh, me ha encantado tu post! La verdad es que hace poco tuve un problema con una de mis protagonistas, que no conseguía hacerla encajar bien en la historia. Me estaba diciendo a gritos que ella no encajaba en esa trama, así coloqué a otro personaje, con su misma historia y nombre en su lugar.

    La verdad es que tienes mucha razón, es necesario pararse y pensar como si fueras tú tus personajes para ver si están bien colocados o flojean.

    Me gusta leerte ^^

    Nos leemos!

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