20 de marzo de 2016

Relato: Tormenta de espadas oxidadas

   La lluvia repiqueteaba contra su armadura y arrastraba la sangre de su rostro, aunque no fuera toda suya. El cielo rugía furioso con cada trueno y se partía con cada relámpago que rompía la oscuridad de la noche.
   El valle se había convertido en un cementerio de cuerpos sin enterrar. Frente a él yacían amigos y enemigos en un amasijo indistinguible de miradas huecas y espadas abandonadas. No sabía qué le mantenía vivo sujetando el estandarte del que colgaban apenas unos jirones de lo que horas atrás fue una bandera que lucía orgullosa el majestuoso grifo de plata sobre campo de sable. Mantenía el mástil hincado en el cuerpo de un soldado del ejército invasor. Sabía que su final estaba cerca, por eso se había atado al estandarte, así lo encontrarían en pie, desafiándoles como lo una vez hizo en vida. 

   La sangre escapaba de la herida que tenía en el vientre, por lo que pronto se reuniría con sus camaradas. Su cuerpo le resultaba cada vez más pesado hasta que sus piernas decidieron que no podían soportar su peso y sólo el estandarte lo sostuvo erguido. 
   A medida que iba perdiendo el sentido comenzaba a escuchar una canción cantada por una voz familiar. Era una nana como las que su madre le cantaba cuando era niño. Respiró todo lo hondo que pudo y llenó sus pulmones del olor del pescado y la sal. Ya no estaba en el campo de batalla, sino en el puerto de su ciudad natal. Cuando miró hacia la derecha vio que su madre le sostenía la mano con fuerza porque siempre se escapaba. Volvía a ser aquel niño revoltoso que corría por la playa con su espada de madera mientras derrotaba ejércitos de arena y dragones de viento.
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Víctor de Amo: Cuervo Fúnebre en las redes. Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter

2 comentarios:

  1. Muy gráfico y bien escrito. El párrafo final es muy bueno y evocador. Me ha gustado mucho.

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