1 de marzo de 2016

Relato: Tesoro líquido

   —Chad, ¿ves algo en los escáneres? —preguntó Alec desde el intercomunicador del puente de la nave.
   —No, sólo trozos de roca y hielo flotando en todo lo negro —respondió este.
   —Por Dios, habla bien —le reprochó, pero no obtuvo respuesta. Suspiró y se dirigió a la cabina. Allí se encontraba Edda a los mandos, concentrada en su tarea—. Dime que ves algo que al cafre de Chad se le ha pasado.
   —Puedo mentirte si es lo que quieres, pero ni ampliando el rango veo nada útil.
   —Mierda —pronunció.
   —Tranquilo, aparecerá tarde o temprano.
   —Como si el cinturón fuera tan pequeño como Londres —respondió molesto.
   Edda no contestó. Alec abandonó la cabina y regresó al puente, donde se sentó frente a una de las pantallas para enviar otro aviso. Uno más de cientos.

   «¿Cómo puede desaparecer una nave y que no seamos capaces de encontrarla?» se preguntaba constantemente. Llevaban días en el Cinturón de Kuiper buscando a la Concordia, una nave minera de gran carga que había sido destinada allí para extraer hielo del Cinturón. No era ningún secreto para nadie que el agua en la Tierra escaseaba y que no había suficiente para todos. Fuera del planeta no había demasiados sitios donde buscarla ni demasiadas tripulaciones que se atreviesen a alejarse tanto del planeta madre. Desde hacía siglos se contaban historias de naves que desaparecían en el cinturón o de naves que regresaban completamente vacías. Se hablaba de piratas, de monstruos y de toda clase de historias descabelladas, pero lo único cierto era que nadie sabía qué era lo que ocurría realmente. Y ahí estaban, buscando una aguja en un pajar inmenso. La Concordia era la trigésima cuarta nave minera que partía para no volver en lo que iba de mes, y no sería la última, aquello Alec lo tenía por seguro.
   —«Concord… ayu… hem… atacad… —La transmisión que había entrado sin previo aviso paso a ruido blanco—, muertos… garr… ayuda…» —Entonces el mensaje de cortó.
   —¿Habéis podido triangular la señal? —preguntó Alec a voz en grito.
   —Sí, procede de una zona muda de nuestro radar —contestó Milla al otro lado del puente.
   —Eso no es posible —intervino Chad, que estaba escuchando a través del intercomunicador—. Si la Concordia está dentro del rango del radar tiene que salir en él.
   —No si desconectan el transpondedor —corrigió Milla.
   —¿Y qué interés tienen ellos en que no les encontremos si luego recibimos el mensaje? —preguntó Chad.
   —Puede que no haya sido la tripulación —pensó Alec en voz alta—. Quizá hay alguien más a bordo y usa ese mensaje como cebo.
   —Es posible. Cualquiera sabría que el gobierno querría recuperar una nave como esa. ¿Qué hacemos? —preguntó finalmente Milla, recostándose en la silla.
   —¿Qué opciones tenemos? O averiguamos qué ha ocurrido con la nave o no cobramos. —Alec se dirigió al piso inferior tras usar el intercomunicador para informar a Edda del nuevo rumbo.
   Allí abajo nadie salvo Chad y Mikela se había enterado de lo del mensaje. En una mesa redonda estaban Ulfrid y Mark jugando al ajedrez y, como era habitual, este último iba a perdiendo.
   —¡Jaque mate! —gritó Ulfrid, ensordeciendo la sala.
   Mark se levantó tirando la silla y le amenazó con ganarle a la próxima, otra vez. Alec esperó a que se calmase y le pidió que fuese a buscar al resto de la tripulación que desconocía la situación. Los que faltaban era Tomoko, Lewis, Clara y Rose, que estaban en los barracones descansando para el cambio de turno.
   —Parece ser que hemos encontrado la Concordia. —dijo cuando se reunieron todos.
   —¿Misión cumplida? —interrumpió Rose, tratando de esconder su entusiasmo ante la perspectiva de cobrar.
   —No, nada más lejos. —Alec puso las manos a la espalda y comenzó a pasearse de un lado a otro de la sala—. Hemos recibido una transmisión de auxilio desde la nave y triangulado su posición, ¿lo extraño? No aparece en nuestros radares.
   —Habrán desconectado el transpondedor —comentó Tomoko.
   —Eso mismo pensamos, así que estamos yendo a las coordenadas.
   —¿Nos ponemos los trajes? —preguntó Mark, sabiendo ya la respuesta.
   —Y cogemos las armas —añadió Alec.

   Los cinco vestían las armaduras que la Federación Terrana les había prestado para la misión. En sus manos reposaban los rifles pesados de asalto, que esperaban no tener que usar.
   —Ya casi estamos —dijo Edda por el canal general—. No parece haber nada extraño en la nave. No hay signos de batalla, sólo está encallada en un asteroide.
   La nave tembló al acoplarse a la Concordia.
   —El conducto está presurizado, podéis acceder —indicó, y añadió—: Tened mucho cuidado.
   —Lo tendremos —respondió Alec mientras pulsaba el botón que abría la escotilla.
   Ante ellos se extendía un túnel de unos diez metros de largo que conducía a la escotilla de la otra nave. Ulfrid encabezó la marcha hasta el otro lado.
   —Está cerrada —aseguró.
   —Sabes de sobra el protocolo —respondió Clara.
   —Sí. —El hombretón sonrió y preparó la hoja de plasma para cortar la escotilla, que cayó hacia el interior con un sonido metálico.
   El interior estaba oscuro y apenas iluminado por las insuficientes luces de emergencia.
   —No parece que haya nadie —comentó Tomoko.
   —La tripulación no puede haber desaparecido. —Clara apuntó la luz de su rifle al interior de uno de los barracones—. Mirad —dijo, señalando a la pared derecha de la habitación—. Eso es… ¿sangre?
   Rose se acercó a la pared y la examinó.
   —Definitivamente sí, pero es más llamativo que ponga «huid», ¿no crees?
   —Estad alerta, puede ponerse feo —avisó Chad.
   —Mark, ve con Clara por aquel pasillo e intentad llegar hasta el puente de mando para restablecer la energía, porque esta iluminación me está poniendo malo —ordenó Alec.
   Al rato se oyeron las botas magnéticas de ambos alejarse.
   —¿Estás seguro de que es buena idea separarnos? —preguntó Chad.
   —No, pero ellos saben cuidarse solos.
   Continuaron hasta alcanzar el área de descanso donde había vasos rotos en el suelo junto a un hombre con el traje desgarrado.
   —Está muerto —aseguró Rose al examinarlo de cerca—. No es parte de la tripulación, de eso estoy segura.
   —¿Piratas de hielo? —preguntó Tomoko.
   —Sí, y de los peores. —Señaló el tatuaje que llevaba este en el cuello—. Vikingos.
   —Cómo odio a esos cabrones —soltó Ulfrid de pronto—. Ey, tienen vodka —exclamó con la botella en la mano.
   —Deja eso donde estaba y continuemos.
   Su siguiente destino fue otro de los barracones. En él encontraron otro vikingo muerto de la misma manera que el otro y un nuevo mensaje en sangre: «El mensaje es mentira».
   —Que digo yo… —comenzó a decir Chad cuando regresó la energía general.
   —¿Ves? No hay de qué preocuparse —le dijo Tomoko poniéndole una mano en el hombro.
   —No, si yo no… —Calló al oír ruidos provenientes de la ventilación.
   —Es el sistema de aire al reiniciarse, no seas cobarde —romeó Tomoko.
   En la siguiente sala encontraron algo nuevo. Allí había otro miembro de la tripulación muerto, pero no como los dos piratas, sino que parecía deshidratado hasta la muerte. Su piel estaba pálida y arrugada, y su rostro reflejaba pánico. Junto a él había otros dos miembros más y un pirata. Este último había acabado como ellos. En la pared del fondo estaba escrito con tiza: «No encendáis el generador principal».
   —Mark, Clara, apagad el generador. —No hubo respuesta—. ¿Me oís? —Sólo escuchó ruido blanco—. Mierda —maldijo—. Rose y Lewis venid conmigo.
   —Lewis no está. De hecho no le hemos oído en todo el camino —apuntó Chad.
   —Joder. Rose y Tomoko, seguidme.
   Retrocedieron sobre sus pasos y lo encontraron junto a la puerta de primer barrancón. Tenía el pecho abierto y la armadura destrozada. Había agujeros de bala en la pared de enfrente.
   —Lewis… —comenzó a decir Rose.
   —No podemos hacer nada por él, pero encontraremos a lo que quiera que le haya hecho esto.
   Le dieron unos momentos a Rose y después continuaron su camino hasta el puente. Cuando lo alcanzaron encontraron a Mark y a Clara deshidratados en el suelo. Apagó el generador principal e inspeccionó la zona. Encontró a un pirata en un estado de deshidratación mucho menor que el resto, que tenía el pecho abierto como Lewis. Aquello era completamente nuevo. Entonces lo entendió. Sólo podía deshidratarlos cuando el generador funcionaba. El último de los piratas fue el que apagó el generador en un primer momento, por eso no había acabado como los otros.
   —Alec, necesitamos ayuda ya, a estas cosas no les afectan las balas —dijo Chad por el comunicador.
   —Vamos de camino —respondió Alec.
   Los tres corrieron hasta alcanzar la sala en la que Chad y Ulfrid se habían quedado, pero ya era demasiado tarde. Había marcas de bala en todas las paredes, pero ni rastro de los agresores. Chad yacía en el suelo como el resto, pero Ulfrid aún parecía respirar. Tomoko se agachó junto a él.
   —¿Quién ha sido?
   —No, quién no… no es humano… —Tosió sangre, pero no dejó de hablar—. Idos de aquí y volad la nave… —dijo, apartando a su compañera para que lo dejara—. Quizá sea cierto que existe… el Valhalla… —Rio antes de dejar de respirar.
   —Joder, salgamos de aquí.
   Cuando Tomoko y Alec se giraron hacia la puerta vieron cómo Rose caía sobre sus rodillas con sangre en la boca. Una cuchilla transparente atravesaba su pecho. Detrás de ella estaba su agresor, un ser translúcido, como de hielo, que sin rasgos definidos se movía de forma errática. Alec y Tomoko descargaron sus cargadores en el torso y lo que parecía ser una cabeza, pero las balas no penetraban, sólo se clavaban un poco en su piel fría. La criatura avanzó hacia ellos y entonces el generador se encendió. Su agresor profirió un burbujeo a medida que su cuerpo se volvía líquido, pero mantenía aquel aspecto impreciso. Con rapidez pasó a través de Tomoko, mucho antes de que Alec pudiera reaccionar. Cuando miró a su compañera, esta tenía el mismo aspecto que la tripulación. Tomó distancia de la criatura y esta «lo miró» y pronunció:
   —Nuestra tierra. Nuestro mundo. Guerra.
   Entonces atravesó a Alec, acabando con él. En la Concordia volvió a reinar el silencio cuando las luces se apagaron y saltaron las de emergencia.
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Víctor de Amo: Cuervo Fúnebre en las redes. Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, ágil, interesante, los diálogos bien intercalados, con su punto de suspense en un relato tan corto.
    Una única cosa, que también la veo en las películas y como jugador de ajedrez debo decir: A muy poco que se juegue nunca se dice "Jaque mate". Si un jugador no es capaz de ver que le van a dar mate a la siguiente es que es un absoluto principiante. Nunca nos dejamos dar jaque mate, sería una humillación. Abandonamos antes.
    Aparte de eso, que nada tiene que ver, el relato me ha parecido estupendo.

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    1. Soy consciente de ello, yo me dejo dar el mate y abandono antes. Lo sé, llevo años jugando a nivel usuario, pero es que Mark es un absoluto principiante y Ulfrid siempre lo destroza. Pensé en aclararlo, pero como la trama no tenía nada que ver con ello, lo dejé estar.

      Gracias. Cuando vi que le diste a FAV me quedé pensando si te gustaría. Me quedo más tranquilo.

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