15 de diciembre de 2015

Relato: Cementerio de gigantes

25 años después de la Batalla de Yavin, Jakku (Borde Interior).

   El Cementerio de Gigantes se extendía más allá de lo que su vista alcanzaba a ver. Mirase donde mirase veía aún las cicatrices que la batalla había dejado en el planeta. Había cazas estelares Ala-X semienterrados y con las entrañas desparramadas allí donde mirase. El terreno también estaba salpicado por pedazos de los paneles laterales de los cazas estelares TIE imperiales e incluso algunos conservaban la cabina sorpresivamente intacta. El viento y la arena habían arañado con rabia el blindaje exterior como si un rancor se hubiese ensañado con ellos. Pero por encima de todos ellos se alzaba el mastodóntico Inflictor, símbolo de lo que una vez fue el todopoderoso Imperio Galáctico del Emperador Palpatine y de su decadencia.
   Khadriam Grenos descendió desde la duna hasta el nivel inferior. Su ropa fina de color arena le protegía del inclemente sol que abrasaba día sí día también el planeta. Mientras caminaba lentamente por aquella necrópolis de metal, iba rememorando lo acontecido hacía ya veinte años. Él había estado en la batalla de Endor, así como en muchas otras, pero nunca había vivido nada como la batalla de Jakku. El Imperio tenía la ventaja en el terreno con los enormes caminantes AT-AT que ahora yacían destrozados sobre las arenas del desierto. Controlaban el espacio con los poderosos Destructores Estelares que ahora descansaban cubiertos de arena, arañazos y alimañas. Lo tenían todo, pero aun así la Nueva República los destrozó.
   Desde que el Emperador murió con la segunda Estrella de la Muerte, las luchas de poder entre las cabezas del Imperio comenzaron a extenderse como el cáncer, tratando de cubrir el vacío de poder que tanto Vader como el Emperador habían dejado. Ello había provocado maniobras estúpidas, zancadillas y todo tipo de juego sucio entre los altos mandos para así debilitar a sus competidores. Aquella lucha de poder había terminado por destrozar al Imperio desde dentro hasta que finalmente la batalla de Jakku resultó ser el último clavo del ataúd.

   Caminó hasta alcanzar el Inflictor, que yacía aun en buen estado. Posó su mano enguantada sobre la superficie caliente del Destructor Estelar. Recordaba aquel día como si fuera ayer. Él servía a las órdenes de la capitana Ree en esa misma nave. Superaban por mucho en número a las fuerzas enemigas. Pero no contaban con la información filtrada. Los soldados de la Nueva República abordaron el Inflictor, así como otros tantos destructores en órbita. Ciena Ree trató de auto-destruir la nave protegiendo así los secretos que contuviese y llevándose por delante a los intrusos, pero la auto-destrucción estaba desactivada. Los asaltantes tenían la ventaja táctica después de todo. Khadriam y sus compañeros trataron de repeler al enemigo, pero se abrieron paso entre sus filas. La capitana les ordenó abandonar la nave, sacrificándose con el Destructor Estelar.
   Atravesaron las fuerzas enemigas como pudieron, estas no opusieron resistencia, se podía decir que les habían dejado pasar. Khadriam no pensó en ello. Cuando alcanzó el hangar comprobó que faltaban algunos cazas TIE que seguramente habían sido o bien soltados al espacio, o peor todavía: usados contra ellos. Subió a uno de los cazas restantes y encendió los motores. Adoraba aquel silbido. Mucho después de abandonar el hangar, pudo ver cómo una cápsula de escape salía expulsada del destructor. La capitana Ree había conseguido escapar de los atacantes. Qué estúpido había sido. En aquella cápsula su capitana no estaba sola. Si lo hubiera sabido entonces…
   Dejó atrás el Inflictor y continuó su paseo por las arenas del tiempo. Aunque el Destructor Estelar no desaparecía del horizonte, sí lo hacían los restos de la batalla. Había tramos del desierto donde prácticamente no había naves estrelladas, aunque eran los menos. Aquella confrontación había llenado el planeta de escombros, pero a pesar de que muchos aún permanecían a expensas de que un chatarrero avispado las encontrase primero, otras tantas ya habían pasado a mejor vida. Había cabezas de los caminantes AT-ST que se habían reciclado en armaduras para bestias o incluso algunas cabinas de TIE habían pasado a ser las cabinas de speeders rudimentarios.

   Khadriam no guardaba buenos recuerdos de los días que siguieron a la batalla. Cuando su TIE se estrelló en la superficie tras sufrir importantes daños, se vio obligado a unirse a la lucha a pie. Rifle E-11 en mano acabó con varios rebeldes antes de ser herido en su brazo bueno y verse obligado a retirarse. Cuando la derrota del Imperio Galáctico se hizo patente, algunos huyeron a reagruparse mientras otros, como él, se quedaron varados en Jakku. Cuando vieron que nadie iba a rescatarlos, comenzaron a formar pequeñas comunidades y vivían de la chatarra. Resultaba irónico que su derrota supusiera ahora su modo de vida. De vez en cuando recibían reportes sobre el estado de la galaxia de manos de compradores. El Imperio y la Nueva República habían firmado un tratado en el que los imperiales de los Mundos del Núcleo y el Borde Interior debían permanecer dentro de unos límites fijados por el nuevo Senado. Según le contaron, el Imperio desapareció del mapa.
   Los años en Jakku le habían hecho reflexionar sobre si realmente ellos eran lo que la galaxia necesitaba. En su día estaba ciego. Había hecho cosas horribles por la gloria del Emperador. Había participado en ese reinado de terror. Si pudiese volver atrás, habría desertado como hicieron algunos compañeros suyos antes de la batalla de Jakku. «Si tan sólo pudiese volver atrás…».

   Ya era de noche cuando regresó a lo que pretendía parecer una casa. Estaba hecha de armazones que constituyeron en días mejores el cuerpo de los temibles AT-AT. Eran un total de seis. También tenía un par de cabezas de AT-ST que usaba a modo de cobertizos y una cabina de caza TIE sobre una torre que usaba de mirador. Aquella casa a trozos se encontraba bajo la sombra y protección de una ladera de roca. Sobre las superficies de metal había dispuesto materiales aislantes de forma que despejasen el calor, por lo que en el interior disfrutaba de un frescor relativo, lo suficiente para estar mejor dentro que fuera. Aparcó su speeder manufacturado delante de la casa y lo cubrió con una lona para protegerlo del sol del día siguiente. Entró en el interior y se dirigió a la fresquera que tenía en aquel módulo. Tras coger una bebida templada, se dirigió al módulo tres para acostarse. Dejó su viejo E-11 junto a la cama y se echó. No pasó mucho tumbado hasta que oyó un ruido procedente del módulo anexo. Cogió el rifle de asalto y avanzó con cautela. Era su antiguo casco que se había deslizado hasta el suelo. Dejó el rifle en el suelo y cogió el casco blanco y arañado. «¿Por qué lo guardo aún?» solía preguntarse. También conservaba su antigua armadura. Quizá era su forma de recordar su pasado, de convencerse de que había cambiado. Clavó sus ojos en las lentes negras del casco como implorando una contestación. «Si tan sólo pudiese volver atrás…».
___________________________________________________________________________
Víctor de Amo: Cuervo Fúnebre en las redes. Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter

No hay comentarios:

Publicar un comentario