23 de enero de 2014

Relato: Un lugar en el paraíso

   El frondoso bosque parecía gozar de un silencio inusual aquella noche. Normalmente podías oír los cantos de los árboles cuando la brisa pasaba a través de sus hojas. Pero aquella noche estaba silente. El bosque vestía de galas blancas. Una fina capa blanca cubría las copas de todos y cada uno de los árboles, de los arbustos e incluso de la alegre hierba que trataba de hacerse ver por encima de aquel manto níveo. La nieve no cesaba de caer, como queriendo conquistar la tierra descendiendo de los cielos. La batalla eterna entre lo celestial y lo mortal.  En su centro, el prístino lago iba recogiendo, copo a copo, a los valientes soldados blancos que tenían la desventura de fallar en su aterrizaje. El agua los consumía como si no fuesen más que polvo en el viento. En su orilla se encontraba una joven. Sus cabellos negros estaban decorados con la misma nieve que coloreaba su piel, pálida como el mundo que la rodeaba. Jamás olvidaré aquellos ojos del color del fuego que parecían derretir la nieve con su mirada. Aquel calor...

   La joven rodeaba sus piernas con sus brazos para tratar de conservar el calor. Supuse que aquel abrigo y aquella bufanda, que rodeaba su cuello, no eran suficientes contra aquel frío estepario. Las nubes de vapor se formaban cada vez que exhalaba su aliento para calentar sus manos con las que solía sujetar aquel antiguo libro. Miles de veces aquellas tapas de cuero negro habían sido bendecidas con su tacto.
   Mientras trataba de entrar en calor, miles de pensamientos pasaban por su mente, pero era incapaz de poder leerlos. La primera vez que la vi, estaba parada frente a un hombre congelado al lado del agua cuyo rostro era la viva expresión del miedo. Recuerdo que ella no pudo evitar dejar escapar una lágrima de compasión al ver a aquella pobre figura. Aquello me conmovió. ¿Por qué una lágrima si no lo conocía? ¿Quién era ella?

   Allí estaba de nuevo, con aquel viejo libro en sus manos y su ardiente mirada devorando sus páginas. El viento soplaba entre las hojas de los árboles, pero no por sus cabellos, no era digno de ello. En vez de eso, soplaba alrededor de la joven, pero nunca por ella, como si no perteneciese a este mundo. Quizá un ángel caído que vino con alguna ventisca.
Mis pisadas dejaban una honda marca sobre aquel manto. La nieve crujía bajo mi peso. Cuando al fin llegué a ella, reuní fuerzas y entonces le dije:
 —¿Qué haces aquí fuera en el frío?
   —Buscar mi lugar en el paraíso –contestó con una sonrisa cargada de tristeza.
   —¿Y lo buscas en un libro?
   —Un libro no es como cualquier otro objeto, tiene vida —dijo enérgicamente—. Un libro es la llave a otro mundo. Un libro puede convertirte en el mayor de los héroes y llevarte a lugares que jamás habrías imaginado que existieran.
   Entonces, me tendió el libro para que lo cogiese, y eso hice. Por más que lo miré, no vi más que cuero y viejas hojas amarillentas de papel.
   —Es normal que no puedas ver la entrada, pero lo harás.
   —¿Cuándo?
   —Cuando llegue el momento —contestó clavando aquellos ojos de fuego en los míos de hielo.
   Se me ocurrió una proposición estúpida, que quizá debía haber matado antes de que se independizara de mi boca, pero no lo hice.
   —Los dos estamos solos, ¿quieres venir conmigo?
   La joven sonrió y contestó
   —No, prefiero ir por mi cuenta... —Y tras dejar aquella frase en el aire, su sonrisa y su figura se desvanecieron en un soplo de viento. Como si nunca hubiesen estado allí. Como si todo hubiese sido un sueño.
   Pero no lo era, aquel libro aún estaba allí y preservaba el calor de sus manos. ¿Quién era? Entonces fue cuando vi el título del mismo: «La joven del bosque de hielo». Decidí leer su final...

*

   Y entonces lo leyó y el terror se apoderó de él. Se quedó petrificado y el hielo no tardó en cubrirle hasta que se convirtió en otra estatua de hielo que decoraría el lago hasta el final de los tiempos. La joven recogió su libro y continuó leyendo mientras aquellas dos figuras de hielo la observaban. Ella sonrió y le dijo a las dos estatuas: «... pero vuestra alma siempre estará conmigo».
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Cuervo Fúnebre: Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter

2 comentarios:

  1. Buenas señor cuervo fúnebre, bríndeme un momento de su atención para decirle lo maravilloso que es su blog, sus relatos me atraen demasiado,cada lectura me parece mejor que la anterior, encontrándose "un lugar en el paraíso" como mi favorita. Me acabo de devorar cada entrada de su blog y solo puedo aplaudirle y compartirle mi experiencia, espero poder encontrar nuevos relatos escritos de su puño y letra.

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    1. De verdad, muchísimas gracias por el comentario y me alegra mucho que te guste tanto mi blog.
      Si no recuerdo mal, este relato fue el primero que hice enteramente en prosa en el blog. Creo.

      Un saludo y gracias.

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